Una notte nella piazza di Syriza.

di loredago

Oggi un nuovo giornale online spagnolo, La Grieta, ha pubblicato la mia cronaca di quello che è successo domenica 25 gennaio ad Atene, nella piazza di Syriza, dove la quantità di stranieri venuti da tutta Europa per assistere alla vittoria di Tsipras quasi equiparava quella dei greci presenti. Qui di seguito il mio articolo, che mi auguro di riuscire a tradurre in italiano quanto prima:

IMG_1465

«Queremos dar las gracias a todos los compañeros que han venido hasta Atenas desde toda Europa para apoyar la batalla electoral de Syriza. La de hoy no es una victoria solo de Grecia, sino de todos los pueblos que luchan para condiciones de vida dignas y para acabar con la austeridad».

Cuando, hacia las diez de la noche del pasado domingo, estuvo claro que el partido de Alexis Tsipras iba a conquistar casi la mayoría absoluta de los escaños del Parlamento griego, estas palabras resonaron cuatro veces en la Plaza Klafthmonos, provocando las lágrimas de muchos. La primera en italiano, la segunda en inglés, después en francés y finalmente en español. No eran ni la mitad de los idiomas que se podían escuchar en la carpa montada por Syriza en esta céntrica plaza de Atenas para seguir en directo el escrutinio. Nosotros habíamos llegado allí a las siete, acogidos por el clamor que había acompañado la aparición de los primeros exit polls o encuestas a pie de urna (donde Syriza apuntaba a entre el 36 % y el 40 % de los votos) en la pantalla gigante colocada al fondo de la carpa.

La cantidad de extranjeros presentes fue lo primero que nos impactó.Además de un número impresionante de italianos (300, según una estimación a la baja de la prensa italiana), encontramos muchos españoles y franceses y grupos más pequeños de ingleses, belgas, alemanes, portugueses, daneses e incluso un chico y una chica finlandeses. Nadie, entre aquellos con los que hablamos, se encontraba allí de casualidad, ningún transeúnte o estudiante Erasmus curioso: todos habían cogido vuelos con horarios imposibles y escalas infernales para asistir al día electoral, pillarse una borrachera de socialismo real por la noche y volver a trabajar, a más tardar, el martes. En esta masa internacional, cuyo tamaño se doblaba al contar a los periodistas, los griegos, que saldrían a las calles más tarde para el discurso de Tsipras, eran contados.

Los propios griegos parecían los más sorprendidos de semejante participación europea en sus elecciones: cuando el día anterior llegamos a nuestro hostal de la plaza Monastiraki en una increíble terraza con vista a la Acrópolis, la dueña nos dijo que no entendía por qué había tantos guiris con pegatinas de Syriza en sus chaquetas: «Lo vais a ver, no cambiará nada. Claro que va a ganar Tsipras, pero es igual que los otros, los políticos, ¡todos ladrones!». Un minuto después de esta conversación, en el ascensor, una señora con una chapa de la bandera republicana española en su jersey nos escucha hablar su idioma y nos pregunta si sabemos dónde está la sede de Syriza. Regalamos a esta mujer de Bilbao de cerca de cincuenta años, que había venido sola a Atenas por la misma razón que todos, nuestro dibujo del mapa de la ciudad con los lugares clave del domingo electoral y salimos a buscar un sitio para cenar. Nos acompañaba un amigo italiano que hablaba griego, lleno de pegatinas hasta en el sombrero: en la primera esquina se para a charlar con el camarero de un restaurante –en el que acabamos atracándonos de pitas gyros a dos euros cada una– que le da las gracias por el apoyo a Syriza y se declara seguro de que para Grecia está a punto de empezar una nueva época. Escenas semejantes se repetirán tantas veces a lo largo de nuestra estancia en Atenas que cuando la vieja dueña de una tienda de souvenirs, al vernos, se puso a saltar gritando «¡Fuerza, Tsipras! ¡Berlusconi merda!», prometiéndonos un descuento sobre sus productos, empezamos a preguntarnos cuál es el límite entre el entusiasmo político y la estrategia comercial.

Continua su La Grieta.

Annunci